Vacaciones en casa: los cuatro accidentes domésticos más frecuentes

Las vacaciones de verano ya comenzaron y los chicos suelen estar más tiempo en casa.

Como las licencias de vacaciones laborales son muy distintas a las escolares, es probable que tengamos que dividir el tiempo entre el cuidado de los más pequeños y las obligaciones profesionales.

Los niños viven jugando y, en muchas ocasiones, no son conscientes de lo riesgosas que pueden resultar algunas de sus aventuras en la casa. Es importante estar preparado y saber cómo actuar si los niños sufren alguno de los siguientes accidentes domésticos.

1. Golpes en la cabeza

Las cabezas de los niños pequeños son más grandes y pesadas que la de los niños mayores, por eso es muy común que se golpeen. Como existen distintos grados de traumatismo, es importante saber diferenciarlos.

Si se observan síntomas como pérdida de la conciencia, signos de confusión, palidez, sudoración, debilidad, somnolencia o goteo de sangre o líquido transparente por la nariz o la oreja, es obligatorio llamar de inmediato a emergencias”.

Si no se observan ninguno de estos signos se aconseja observar al pequeño durante las primeras seis horas para detectar cualquier cambio que pudiera producirse y estar atento en los días subsiguientes.

Uno de los mitos más frecuentes respecto a los golpes en la cabeza es que no hay que dejar dormir al niño que tuvo un traumatismo de cráneo. El sueño no empeora la evolución del traumatismo; lo único que hace es impedir detectar cambios de conducta o de nivel de conciencia.

Si no hay signos de daño cerebral y es el horario de sueño habitual, se aconseja dejarlo dormir.

En cambio si no es la hora en la que se suele acostar, y el niño actúa normalmente pero tiene sueño, hay que dejarlo que descanse hasta dos horas seguidas. Luego levantarlo y controlar que se despierte de manera normal.

Los nenes viven jugando y, en muchas ocasiones, no son conscientes de lo riesgosas que pueden resultar algunas de sus aventuras.

Los nenes viven jugando y, en muchas ocasiones, no son conscientes de lo riesgosas que pueden resultar algunas de sus aventuras.

2. Lesiones orales

La boca es una zona con muchos vasos sanguíneos por lo que cualquier caída puede provocar una lastimadura con hemorragia.

En general, se trata de cortes en los labios, en la lengua, que ceden con la compresión de apósitos en la zona.

Pueden ser de mayor gravedad si el sangrado obstruye la vía aérea y dificulta la respiración. Para ello, la coordinadora de la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos sugiere seguir las siguientes acciones:

Enjuagar la boca del niño.

-Examinarlo cuidadosamente tratando de identificar el origen del sangrado.

-Comprimir la zona con un apósito, gasa o paño limpio.

-Aplicar hielo o una bolsa con gel congelado envueltos en un paño en caso que se presente hinchazón. Se puede reemplazar por un helado de agua en palito.

-Si no se identifica el sitio del corte y la hemorragia no se detiene o hay dificultad en la respiración, llamar inmediatamente a emergencias.

3. Heridas cortantes

Los cortes más habituales en niños son aquellos que se producen por un cuchillo o un vaso de vidrio. Aunque este tipo de lesiones suelen sangrar muy poco, su principal inconveniente son las infecciones.

Por ello, es importante lavarse las manos y protegerlas con guantes o toallas de cualquier material para ejercer presión sobre la herida. Luego de presionar con la punta de los dedos, la hemorragia debería detenerse.

A continuación se debe lavar la herida con jabón. Se puede aplicar un antiséptico tipo iodopovidona o clorhexidina y colocar sobre la herida un apósito o un vendaje para ejercer cierta presión y detener la hemorragia.

4. Intoxicaciones

Parte de la curiosidad y la exploración de los niños consiste en llevarse cosas a su boca que pueden tener cierta toxicidad.

Si el niño está consciente, permanecer tranquilo mientras se reúne está información sobre su edad, peso, qué sustancia ingirió (ayuda tener el envase del tóxico para saber el nombre del producto registrado, genérico o químico) y la cantidad consumida, contar el número de comprimidos que faltan o medir el volumen restante en caso de que sea un jarabe.

Es preferible sobrevalorar que infravalorar. Además, determinar cuándo fue la ingestión del tóxico y el estado en que se encuentra el niño.

Es importante detallar los síntomas que presenta tras la ingestión del tóxico. Es importante llamar al centro de toxicología y seguir atentamente las instrucciones del centro.

Otro mito a derribar: no se debe provocar el vómito ni administrar leche o aceite.