Las lealtades invisibles y la imposibilidad de vivir nuestro propio destino.

Las lealtades invisibles son aquellas que tenemos hacia nuestros ancestros, con nuestra familia y con nuestro linaje.

Por amor repetimos sus historias, cargamos con sus destinos y no terminamos de tomar nuestra vida en plenitud ¿Podemos modificarlo? Sí. Para muchos de nosotros esa posibilidad está disponible.

¿Por qué no puedo encontrar un amor disponible? No logro tener un trabajo que me haga feliz, no puedo progresar. Siento que estoy repitiendo la historia de mis padres. ¿Por qué esta familia siempre está condenada a tener deudas?

¿Cómo logro salir de este estado? Me pasan cosas buenas, pero no las puedo disfrutar. Hace años que trato este tema en terapia, sé de qué se trata, pero no puedo modificarlo. Ya no sé más qué hacer. Estoy cansado de vivir siempre la misma historia.

Lealtades invisibles

Para muchas de estas preguntas y situaciones, existe la misma respuesta. Todos nosotros, somos parte de una familia, de un linaje, de una herencia y de un alma familiar.

Con nuestros ancestros, con todos aquellos que llegaron antes que nosotros, muchas veces tenemos una lealtad invisible y esto nos hace repetir historias, vivir pérdidas, padecer abusos de varios tipos, sufrir carencias y desamor.

Las lealtades invisibles son una especie de hilos, que en el plano del alma, nos encuentran con nuestros ancestros y que nos llevan a cargar con experiencias que no nos corresponden, a padecer dolores que no son nuestros, o a repetir historias que quizás no hablan de lo propio, aunque así lo vivamos.

Las lealtades invisibles nos atraviesan y nos condicionan, sin saberlo aún, y aunque las neguemos o las desconozcamos, igual actúan en nuestras vidas.

Por esta razón, sucede en muchas ocasiones que a pesar del compromiso y la constancia que tenemos en resolver un conflicto, un bloqueo, un síntoma o un patrón de repetición no llegamos a su origen, ni tampoco a una solución.

Las lealtades invisibles son hilos que nos unen a nuestros ancestros. Foto: Shutterstock.

Las lealtades invisibles son hilos que nos unen a nuestros ancestros. Foto: Shutterstock.

El amor ciego

En ocasiones, estas lealtades invisibles hacen que sacrifiquemos muchas esferas de nuestra vida.

Este sacrificio no nos sirve a nosotros ni repara las historias de nuestra familia. Desde un plano que va más allá de la razón, repetimos, nos identificamos, cargamos o pagamos en lugar de aquellos que fueron excluidos, que padecieron, que no pudieron alcanzar algo.

Lo llevo en tu lugar

Así como repetir la misma historia es un intento fallido de solución, sucede lo mismo con otra forma de lealtad invisible. ”Muchos de nosotros, sin saberlo, nos implicamos en el destino de un ancestro.

En toda familia hubo personas que fueron excluidas por haber generado un daño importante, por padecer alguna adicción, por haber robado o haber actuado de cualquier forma vergonzosa. A estos ancestros entonces, se los deja afuera, se los aparta, se las retira del corazón.

Son aquellas personas que protagonizan secretos e historias de las que jamás se habla. Sin embargo, como todos tenemos derecho a pertenecer, aquello necesita ser visto y ser incluido.

Es entonces, llega un descendiente y en el alma le dice: ‘lo llevo en tu lugar’. De esta forma ofrenda su vida a reparar o compensar esto y repite un destino difícil, siendo como aquel o pagando en lugar de quien fue excluido.

Llevar algo en lugar de otro se da, por ejemplo, cuando un hijo que se queda al servicio de sostener la relación de los padres, sacrificando su propia realización afectiva. Otra experiencia repetida en nuestras familias es aquella en la que los nietos cargan los destinos de carencia del abuelo que perdió todo en las guerras.

Ese abuelo o bisabuelo, del que muchas veces ni siquiera conocemos su historia, no pudo ser honrado ni incluido.

Por ello, sin saberlo, un descendiente se implica y reedita su memoria, un destino de carencia. Todo eso se hace en lo profundo del alma, lo sepamos o no, y lo hacemos por amor, por amor al vínculo.

Lo esencial es invisible a los ojos

En cada Constelación salen a la luz aquellas lealtades, que nos encuentra con la memoria transgeneracional y que aún es necesario ordenar. Ellas muestran movimientos que posibilitan la solución de aquello que no se ha dicho, de lo que se ha padecido, lo que se ha perdido o se ha truncado.

Cuando los Órdenes del Amor se respetan, los movimientos de reconexión o reconciliación se logran y de esta forma se devuelve a cada uno en el alma familiar lo que le corresponde.

A través de una constelación y de reordenar es posible restituir la dignidad de aquellos y la propia. Asentir a los destinos tal como fueron y al propio. Decir «sí» a todo tal como es.

De esta manera quedamos disponibles para el propio camino, tomando de todos ellos el amor y la fuerza para decirle «sí» a la vida que siempre espera por nosotros.

El acto de honra y agradecimiento que podemos hacerles a nuestros ancestros, y a la Fuerza de la Vida que los tomó a cada uno y pasó para que nosotros lleguemos a ella, no es sacrificándonos o repitiendo sus historias, sino tomando nuestra vida en plenitud.