Epidemia de obesidad: por qué la fructosa no es buena para el cuerpo

La obesidad fue calificada por la Organización Mundial de la Salud como una epidemia mundial, ya en 1986.

Pero, además de ser una enfermedad importante en sí misma, es causa de otras muy importantes. Diabetes tipo 2 (del adulto), hipertensión arterial, gota, enfermedad coronaria e inclusive algunos tipos de cáncer son más frecuentes en personas obesas.

Se ha demostrado que el consumo creciente de bebidas azucaradas es una de las principales causas de esta epidemia. Una gaseosa de 600 ml tiene entre 15 y 18 cucharaditas de té de azúcar y 240 calorías. Una botella familiar de 2 litros tiene cerca de 800 calorías.

Pero a las personas que toman estos “caramelos líquidos” no le producen sensación de saciedad, por lo que, al tomarlos, siguen comiendo la misma cantidad, no menos para compensar: se suma, entonces las calorías de lo sólido y de lo líquido, con lo que, prácticamente, algunos almuerzos o cenas terminan engordando el doble.

La evidencia científica muestra que el consumo creciente de bebidas azucaradas es dañino para la salud. El tamaño de las porciones consumidas aumentó dramáticamente en los últimos 40 años.

En la década de los 50, una botella standard de gaseosa era de 200 ml (1 vaso grande), luego aparecieron las de 350 ml (casi 2 vasos) y, en 1990, las botellas de plástico pasaron a tener 600 ml (3 vasos).

Hoy hay botellas de 1,5 l , 2,25 l y hasta 3 litros. Y la gente aumenta el consumo, a la par: en 1970 las calorías que aportaban estas bebidas en la alimentación diaria era de un 5%, mientras que en 2001, ya era del 10%. En los niños, entre los años 2000 y 2005 aumentó el consumo ¡al doble!

Pero se debe aclarar que las bebidas azucaradas no son sólo las gaseosas regulares (tradicionales) sino también las energizantes y las deportivas; paradoja: se hace actividad física por lo saludable y se cubre la sed “deportiva” con estas bebidas.

En Estados Unidos estudiaron 120.000 enfermeras y médicos durante 20 años. Los que tomaron diariamente 1 ½ vaso por día, aumentaron 1 kg cada 4 años. Los que tomaron diariamente una lata de gaseosa por 20 años, tuvieron 20% más riesgo de tener un ataque cardíaco y 75% más riesgo de gota.

Las personas que toman 1 lata de gaseosa común diaria, tienen 30% más riesgo de tener diabetes tipo 2 que las que raramente las toman. El riesgo es aún mayor en los jóvenes. Finalmente, y para cerrar el círculo, los estudios en niños a los que se le redujo el consumo de bebidas con azúcar, mejoraron notablemente el peso.

¿A qué se debe todo esto? Todas estas bebidas están endulzadas con un azúcar llamado fructosa.

Si bien es el azúcar natural de las frutas, donde es absolutamente sana, habitualmente se utiliza una que se obtiene de procesar el maíz; se llama jarabe de maíz alta fructosa y se abrevia como JMAF.

Esta fructosa no puede ser detectada en el ser humano por lo que se sigue comiendo en la misma cantidad y calidad que si no se tomara, por lo que entre comida y bebida terminás ingresando el doble de calorías. Esto tendría poca importancia si se hiciera de vez en cuando, pero, todos los días…

Lo que se aconseja es no tomar más de 1 vaso pequeño o reemplazarlas por gaseosas dietéticas, también en pequeña cantidad, pero mejor bebé agua.