Debate por la “luz azul”: las pantallas no afectan el sueño de los niños

Amedida que avanza la tecnología, chicos y adolescentes pasan cada vez más tiempo conectados a distintos dispositivos: celulares, tablets, computadoras, video- juegos, smart tv…

Tanto para estudiar como para entretenerse, los infantes y jóvenes de hoy no pueden evitar estar sentados durante muchas horas frente a las pantallas.

Y según algunas investigaciones, la culpa que entre el 50% y el 90% de los chicos en edad escolar no tenga un buen descanso nocturno se la atribuyen al uso de la tecnología.

Sin embargo, las últimas investigaciones que realizó el Oxford Internet Institute de la Universidad de Oxford, Inglaterra, descubrió y demostró que la exposición a las pantallas poco tiene que ver con el mal dormir de los niños.

El trabajo, publicado en el Journal of Pediatrics, fue liderado por el Profesor Andrew Przybylski, y para realizarlo emplearon datos de una encuesta nacional sobre salud infantil que se realizó en los Estados Unidos, en 2016, en la que participaron padres de todo el país, los que aportaron información sobre ellos mismos, sus hijos y la familia.

Este catedrático expresó que el estudio reveló que “cada hora de exposición ante la pantalla está relacionada a 3 a 8 minutos de sueño por noche”.

Esto resulta significativo porque, por ejemplo, han comprobado que el promedio de sueño de un adolescente que no está prendido a las pantallas es de 8 horas, 51 minutos, y que el de otro adolescente, que pasa unas 8 horas diarias frente a las pantallas, es de 8 horas, 21 minutos; la diferencia es mínima.

“Esto sugiere que necesitamos observar otras variables a la hora de analizar el buen o mal descanso de los chicos.

Focalizarse en las rutinas a la hora de acostarse, y patrones regulares de sueño, tales como la hora de despertarse, son mejores estrategias para ayudar al descanso de los más jóvenes, que pensar en darles a las pantallas un rol significativo”, aclaró Przybylski.

A pesar de estos hallazgos, las investigaciones continúan, necesitan determinar los mecanismos que vinculan a las pantallas digitales con el sueño.

“Las pantallas están para quedarse, por eso una investigación transparente, reproducible y sólida es necesaria para descifrar como la tecnología nos afecta y como intervenir para limitar sus efectos negativos”, concluyó el científico.