“Vayamos más despacio, no te prometo nada”: cómo afecta a las relaciones el miedo al compromiso

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Los amores cobardes no llegan a amores ni a historias. Y de amores cobardes está armada esta historia de vivir esquivando el miedo a sufrir.

Y si te lastimaron no te encierres, no te metas en el caparazón. El problema no es del amor, ni mucho menos tuyo. El problema es de quien no sabe amar.

Así que sacate ese pijama, enjuagate la cara, secate esas lágrimas, deja que el sol pegue en tu cara y a vivir. Que la vida es una, veamos de qué se trata esta cuestión de amores tibios, de amores cobardes.

Pero son estos tiempos los que corren, tiempos de temerosos. Como decía magistralmente Julián Barnes, si amamos, sufrimos, pero también gozamos, vibramos, vivimos.Las construcciones emocionales se juegan desde el axioma de la inmediatez, todo es ahora, vivimos la vida a través de los monitores y las emociones son emojis.

Entonces no es raro que los tiempos de la construcción de una relación se vuelvan insoportables para una parte importante de los que pisan esta tierra.

«Que si estamos en algo, que si tenemos algo. Que me interesa, que me gusta pero no tanto, un poquito más a lo mejor. No exageres, vamos muy rápido. Tenemos una relación, es solo un chape, toco y me voy.

Vamos viendo, que fluya. No te prometo nada». Al don pirulero, cada cual atiende su juego y cada vez son más las fases y construcciones que se sostienen, se inventan y se instrumentan para definir los vínculos amorosos.

Todo ahora, no hay tiempo que perder, y entonces sobrevolamos historias, toco y me voy. Correr el riesgo de sufrir, de no tener likes en el juego de la vida no es para cualquiera. O quizás sí, pero muchos no lo saben.

Cada vez son más los obstáculos que los seres humanos nos ponemos enfrente nuestro, para evitarnos el sufrir por amor, para esquivar, sencillamente, las cosas de la vida, las cosas del querer.

Animarse al amor, el desafío en tiempos de temerosos.

La otra cara de la luna

«Amar es urgente” diría un romántico, “no quiero compromisos”, diría otro menos soñador, en los tiempos que corren el amor asusta, y la tecnología de la mano de las nuevas construcciones posmodernas, están al servicio del amparo por el sufrir.

El saltar de historia en historia, de chat en chat, de cama en cama no es otra cosa que una anestesia top ten de uno de los temas que más letra les ha dado a los poetas en la humanidad, y a la filosofía, desde que el mundo es mundo: el amor.

Si Juan o María están en cuatro historias a la vez, si uno de estos vínculos se termina, no será tan grave, hay backup. En cambio, si el amor es de a dos, y algo del engaño o la decepción sucede, el golpe como en el caso de esta muchacha del relato, es duro, artero y certero.

La distracción del multitask, la banalización de los vínculos consistentes y perdurables son, creo yo, mecanismos de defensa para no enterarse de cuánto perdemos si no amamos con las tripas, con el cuero y con el corazón.

La inmersión en las apps de encuentros (Tinder, Happn​, etc.) comienza desde cada vez más temprana edad. Los adolescentes relatan sus aventuras a través de las redes con la misma des-afectivizacion que relatan aventuras en los juegos online.

Los partenaires son ocasionales y el compromiso parece ser una especie en extinción. Bienvenida la tecnología como trampolín desde lo virtual al reino de lo real.La virtualidad es un fin en sí mismo, y adentrarse en las aventuras de gestionar una relación es atemorizante.

El instagram, si bien no está diseñado para ser una aplicación de encuentros se suma también. Las redes sociales son un trampolín para la circulación de Eros en tiempos de inmediatez. Las relaciones o los vínculos interpersonales se construyen de manera líquida.

Tiempos de hiperconectividad, pandemia de soledades, como catálogos de tiendas circulan fotos de perfil de hombres y mujeres, como quien elige un color en una pinturería. Raros verbos nuevos, el regreso de Gasparín, “no fantasmees más, me hizo ghosting” nada por aquí nada por allá.

Aparecer y desaparecer, conectarse y desconectarse, y la vida se va, no somos inmortales. Algunos consejos para atreverse al amor:

✔️El secreto es elegir con el corazón siempre, pero mantener los ojos abiertos para no enredarnos en historias en las que inevitablemente vamos a sufrir mucho y ser felices poco. Enamorarse de quien no puede darlo todo porque ya está casado o comprometido es siempre una mala idea, las chances para ser infelices son altísimas. El lugar del amante es un triste lugar.

Enamorarse del que da sobradas muestras desde el comienzo de que tiene cero empatías y cuidado por el otro, es un riesgo que quizás no valga la pena correr.

El amor sí, claro, pero no tropecemos con la misma piedra una y otra vez. Ojos y corazón abierto, y a vivir.

✔️Entendamos que la historia no tiene que repetirse si elegimos distinto. Si alguna vez sufrimos por amor, la solución no es dejar de amar sino hacer las cosas diferentes para no repetir circularmente la historia.

✔️El ir de a dos no implica renuncias absurdas. Disfrutemos del viaje, del proceso, de la construcción de la relación poniendo límites a la invasión de nuestros espacios, no dejemos vínculos esenciales (familia, amigos) ni espacios vitales que son nuestros, amar no es inmolarse.

Si podemos todo esto, entonces la mesa está servida, abramos corazones, bajemos la muralla, guardemos las púas, y a disfrutar del amor que nunca pasara de moda.

¿Qué haríamos sino tuviéramos miedo?

¿Qué historia vamos a guardar en cajita cuando llegue el tiempo de canas y arrugas? ¿Con quién vamos a soñar por las noches, que briosa aventura tendremos para jactarnos? ¿El de sábanas sin nombres ni rostros, o el de haber vivido al menos un verdadero amor?

Dejamos de ser cagones cuando logramos desprendernos de temores y mecanismos de defensa que nos alejan del sentir en su estado más puro. Cuando nos despojamos de toda esa cáscara que nos conecta con una prudencia en exceso.

Cuando hacemos este ejercicio maravilloso de ir hacia el sentir y podemos descubrir conexiones verdaderas. Cuando la calma, la risa, el júbilo, la emoción, el tiempo compartido, la piel, el cuero, el cuore, se pone en juego, y entonces podemos decir “ahí es”.

Por lo menos por ahora, sin tapujos y sin miedos, ahí podremos quedarnos, ahí podremos desnudar el alma y construir futuro. Si nos animamos a sentir, si dejamos de ser temerosos del amar entonces y solo entonces; saldremos del día de la marmota, nos sentiremos vivos. ¿Podremos arrepentimos?

Claro que sí, pero lo intentamos, jugamos el juego del vivir y quién nos quita lo bailado.

La maravilla del vivir es jugar desde el coraje, aventuras que nos mueven la sangre, nos hacen latir el corazón más fuerte. Cuánto empacho de banalidades, cuánta abundancia de la nada misma.

Qué derroche de sin sentidos, cuando lo que hace falta es tan sencillo como una mano, un abrazo, una mirada que contenga. Poder dar curso a las emociones que tenemos atoradas, poder entender que nada tiene sentido si no hay un norte en lo emocional.

Distraernos con monitores, y demás yerbas del mundo líquido, solo nos aleja de la esencia del vivir. El amor nunca pasará de moda pero puede pasarse la vida, la nuestra, la tuya, la mía y nada del amor suceder. Somos libres, elegimos.

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