Tener un círculo social amplio puede ayudarnos a vivir más tiempo

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Es un consejo usual: salir con amigos mejora nuestra calidad de vida en todo aspecto, y a toda edad.

Ahora la ciencia pudo comprobar que la variedad en nuestro círculo social puede ayudarnos a vivir más tiempo.

Investigadores de la Universidad de Texas en Austin, Estados Unidos, encontraron que los adultos mayores que pasan más tiempo interactuando con una amplia gama de personas tienen más probabilidades de ser físicamente activos y tienen un mayor bienestar emocional.

En un estudio publicado en Journals of Gerontology Series B: Psychological and Social Sciences, los investigadores encontraron que los participantes del estudio que interactuaban más con familiares y amigos cercanos, así como conocidos, amigos ocasionales, proveedores de servicios y extraños era más probable que tuvieran niveles más altos de actividad física, menos tiempo dedicado a estar sentado o acostado, mayor humor positivo y menos sentimientos negativos.

Si este hallazgo te resulta algo conocido, puede que estés en lo cierto, es que trabajos previos ya habían demostrado que los vínculos sociales cercanos, como familia y amigos pueden ser beneficiosos contra el estrés y para mejorar el bienestar emocional.

Pero los investigadores nunca habían examinado la actividad física o los beneficios de vínculos sociales periféricos (los “no cercanos”).

“Los adultos a menudo se vuelven menos activos físicamente y más sedentarios a medida que envejecen, y estos comportamientos representan un factor de riesgo para la enfermedad y la muerte”, afirmó en el trabajo Karen Fingerman, profesora de Desarrollo Humano y Ciencias Familiares en UT Austin y directora del nuevo Centro de Envejecimiento y Longevidad de la Universidad de Texas.

El bienestar no sólo es emocional o psíquico al hacer actividades con amigos, sino también en lo físico.

El bienestar no sólo es emocional o psíquico al hacer actividades con amigos, sino también en lo físico.

Cómo se hizo el seguimiento de las personas

Los científicos preguntaron a los participantes sobre sus actividades y encuentros sociales cada tres horas durante aproximadamente una semana. Llevaban asimismo dispositivos electrónicos para controlar su actividad física.

Fingerman y el equipo observaron que durante los periodos de tres horas en que los participantes se relacionaban con una mayor variedad de interlocutores sociales informaron que habían participado en una mayor variedad de actividades, como salir de la casa, caminar, hablar con otros o ir de compras.

También se involucraron en una actividad física más objetivamente medida, y pasaron menos tiempo siendo sedentarios.

“Es difícil convencer a las personas para que vayan al gimnasio o se comprometan a hacer ejercicio regularmente.

Pero pueden estar dispuestos a comunicarse con conocidos, asistir a un evento grupal organizado o hablar con el mozo o camarero que los atiende en su cafetería favorita. La socialización en estos contextos benefician a la salud“, explicó la experta.

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