El tiempo se agota. Ya ha pasado la mitad del plazo de 48 horas que los equipos de rescate establecieron para encontrar a Julen, el pequeño de dos años que cayó en un pozo profundo el domingo en la localidad española de Totalán.

Es un rescate al límite porque el terreno dificulta los trabajos y el pozo es estrecho, tiene 107 metros de profundidad y 25 de diámetro. Además, a unos 73 metros hay un tapón de tierra, debajo del cual esperan encontrar al niño.

Según explicó un especialista a El País, el hecho de que sea un niño hace que su organismo se adapte más fácilmente para mantenerlo con vida. Ahí residen todas las esperanzas.

Por ahora, los equipos de rescate decidieron suspender la construcción del túnel horizontal y continuar por otro paralelo vertical para intentar sacar al niño.

La perforación del túnel horizontal, que aprovechaba el desnivel del terreno, no se pudo concretar debido a que los trabajos se toparon con unas rocas y con la inestabilidad del terreno, explicaron a Efe fuentes del operativo.

El objetivo es llegar a unos 80 metros de profundidad, donde se cree que está Julen, de quien se encontró un cabello -confirmado por análisis de ADN- entre el material sólido extraído estos días del pozo.

El pequeño Julen Roselló cayó el jueves al pozo en la pequeña población de Totalán (provincia de Málaga) cuando pasaba un día de campo con familiares y amigos, por lo que hoy entra en su cuarto día bajo tierra.

El dispositivo de rescate está integrado por un centenar de personas con abundante maquinaria pesada y en él colaboran empresas privadas, y la Brigada de Salvamento de Hunosa, una gran compañía minera.

El padre de Julen, José Roselló, aseguró que su esposa y él están “muertos” por la situación, aunque mantienen la esperanza de rescatar con vida a su hijo. La pareja sufrió la muerte de otro hijo pequeño en 2017 debido a una enfermedad.