El parpadeo es un acto casi imperceptible, ocurre permanentemente, sin que lo registremos conscientemente. Se sabe que los chicos raramente pestañean y que los adultos lo hacemos unas 13.500 veces al día (es la acción facial más frecuente).

Es un acto reflejo, automático que permite bloquear el paso de cualquier “basurita” y evitar que entre en el globo del ojo, y ayuda a mantenerlo lubricado.

Lo que no se conocía, hasta ahora, y que Paul Hömke, científico especializado en lenguaje y cognición del Instituto Max Planck de Psicolingüística, de Nijmegen, en los Países Bajos, comenzó a investigar es la importancia que tiene el pestañeo en el marco de una conversación.

Según el estudio que lideró, durante el encuentro cara a cara, el parpadeo es una señal similar al cabeceo, es decir, que comunica algo y, además, cambia de acuerdo a la forma en que conversamos unos con otros.

Durante el estudio se grabaron videos de personas sosteniendo una conversación. Hömke notó que el que escuchaba tendía a parpadear cuando el que hablaba estaba cerca del fin de la conversación, y que coincidía con el cabeceo y otras señales no verbales que le indicaban al interlocutor “mensaje recibido”.

Pero esto no fue todo, el investigador fue por más: quería conocer si el parpadeo del escucha juega un rol en la comunicación diaria.

Decimos "cosas" sin hablar, gracias al parpadeo.

Decimos “cosas” sin hablar, gracias al parpadeo.

Para esto, el equipo de científicos reclutó a 35 daneses adultos, cada uno de los cuales sostuvo una conversación con un avatar generado desde una computadora. El avatar le hizo a los participantes una serie de preguntas de abrir-cerrar, tales como “¿Qué tal el fin de semana? Y respondía, como enganchado en la conversación, diciendo algo así como “¡Qué interesante!”.

Durante el diálogo, el avatar era el escucha y, como tal, cabeceó y parpadeó, en algunos casos el pestañeo fue prolongado (duró unos 600 milisegundos) y en otros cortos (unos 200 milisegundos). Aunque los participantes no registraron conscientemente esta diferencia, la duración de sus respuestas varió de acuerdo a estas señales no verbales.

Así cuando el parpadeo del avatar era prolongado, los interlocutores, en todos los casos, acortaban las respuestas.

Según concluyó Hömke, “Sin dudas, los parpadeos más prolongados del avatar oficiaron como señal de “mensaje recibido”, abreviando la respuesta del interlocutor”. Es decir, que, sin palabras, solo con señales dan a entender que quien escucha ya tiene suficiente información y que la conversación “no da para más”.

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