Más de una vez hemos escuchado -o pronunciado- la frase “romper el chanchito”, para referirnos al acto de hacer un esfuerzo económico para adquirir algo.

Como es prácticamente obvio, la metáfora apunta a las tradicionales alcancías con forma de cerdo, icónicas, generalmente realizadas de cerámica o de algún material similar, y cuya única forma de rescatar el dinero guardado dentro es, literalmente, rompiéndola. ¿Quién no ha tenido una alguna vez?

Pero, ¿por qué está tan instalada la relación de que las alcancías son pequeños chanchos? La construcción de que las alcancías tienen forma de cerdo tiene su origen en el siglo XV.

Entonces existía una palabra en inglés para denominar un tipo específico de arcilla: ese vocablo era “pygg”, pero se pronunciaba “pug”. La gente tomaba ese material y hacía objetos como jarrones o platos que se destinaban a guardar dinero, principalmente monedas.

Pero con el paso del tiempo y el uso del vocablo, la fonética de “pygg” dejó de pronunciarse “pug” y pasó a ser “pig”, que es, precisamente, “cerdo” en inglés.

Como la costumbre de trabajar los recipientes para guardar plata subsistió, los alfareros de la época comenzaron a hacer jarrones de “pygg” con forma de chancho, gracias a su nueva pronunciación que en inglés la asemejaba con el animal.

Por otro lado, en muchas culturas, el cerdo ha sido tomado a través de los años como símbolo de abundancia y prosperidad: en Europa, las familias pobres guardaban un cerdo para venderlo en períodos de necesidad económica. Tener un cerdo era una garantía económica.