Perro o gato: ¿Cuál eliges?

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La ciencia a veces no puede explicar todo con teoría y operaciones matemáticas, porque hay cuestiones que superan verdades que son casi irrefutables. Este es el caso de la eterna pelea, que quizás nunca acabe, entre los amantes del fiel amigo del hombre, el perro, y los que prefieren compartir su vida al lado de un gato.

Son muchos los estereotipos que relacionan el temperamento de las personas con sus preferencias a la hora de elegir un amigo de cuatro patas. Mucho se habla del carácter de los que eligen un perro y suele asociarse con cuestiones positivas como amor fraternal, compañía y fidelidad.

Por otro lado, quienes prefieren a un felino como compañero de aventuras, usualmente se relaciona con la soledad y la independencia que ellos generan al no demandar demasiada atención.

Mitos y verdades perduran en el tiempo acerca de esta temática pero algo está muy claro: optar por uno u otro no nos hace diferentes. Entonces, por qué prejuzgar si un ser humano igualmente podría disfrutar de la intensa muestra de cariño de un canino, y alegrarse por el tranquilo ronroneo de un minino.

La ciencia explica que, desde la Edad de Piedra, las personas se dividieron por sus gustos y en términos evolutivos, el primer eslabón clave para la reconciliación entre los pares se encuentra en un antepasado en común denominado “miácido” (mamífero que vivió entre hace aproximadamente 33 millones de años).

Sucede que ambas especies corresponden al orden de mamíferos carnívora, por pertenecer a una línea evolutiva de adaptación por la ingesta de carne que incluye desde tigres, hienas, osos, focas, morsas, entre otros.

Si bien, los miácidos no solucionan por completo la disputa, estudios sociológicos sostienen que como nos auto percibimos no define la especie que elegiremos como compañera pero si los rasgos que tendrá su ideal personalidad que solemos atribuirnos como propia.

Investigaciones afirman que aquellos que se autodenominan como fieles amantes de los perros, su personalidad se atribuye a características más sociables, decididas y compañeras. En cambio, quienes prefieren a un felino, su carácter puede llevarlo más para el lado independiente y creativo.

La diferencia entonces nos la pondremos nosotros mismos ya que todo ser humano puede entablar una relación de afecto con la especie que desee, porque sus propias cualidades hacen que esta tendencia selectiva hable más del estilo de vida que se lleva que de la personalidad individual.

En conclusión, no hay una mascota que sea mejor que otra, tampoco los amantes de los perros predominan sobre los gatos ni viceversa. Su elección radica en el momento de la vida en que estemos, como sea nuestro día a día y en cuál sea nuestra necesidad y responsabilidad que pretendamos tener con el animal.

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