Los riesgos más frecuentes al usar camas solares

Existe cierta tendencia, tanto en hombres como en mujeres, de procurar llegar al primer día de vacaciones con algo de bronceado sobre la piel. Esta práctica suele inducir al uso (y en ocasiones abuso) de las camas solares que permiten acelerar el proceso.

Muchas entidades recomiendan no exponerse de más a las radiaciones ultravioletas, sobre todo porque las emitidas por una cama solar siguen siendo consideradas potenciadoras del riesgo de padecer cáncer.

Según el dermatólogo Eckhard Breitbart, el riesgo aumenta cuando la persona va a la cama solar antes de los 35 años. Además, eso hace que la piel envejezca más rápido y los efectos son irreversibles.

Es por esto que en algunos países está prohibido el uso de camas solares, como son los casos de Australia, Canadá y hasta Brasil. Estados como Francia tienen proyectos legislativos que evalúan sumarse a este grupo.

El problema con los “tanoréxicos” (adictos)

Los adictos al bronceado experimentan una pérdida del control de sus límites, el cual evita poder parar el proceso de bronceado una vez que la piel ya está morena, dicho patrón es similar a otras adicciones como el alcoholismo o tabaquismo.

Algunos síntomas que experimentan estas personas serían: ansiedad excesiva por no perder el tono ganado y la frustración crónica sobre el color de la piel, cuando la persona afectada está convencida que su tono es constantemente inferior de lo que realmente es.