Los hombres y el sexo: qué es y cómo se trata el deseo hipoactivo

Hoy con todo lo que se sabe y se habla acerca de la sexualidad, todavía para muchos resulta sorprendente que un hombre no tenga ganas o no esté siempre dispuesto para mantener contactos íntimos.

Sin embargo, el llamado “deseo sexual hipoactivo” es una de los principales motivos de consulta con los sexólogos y una fuente de preocupación para muchas parejas, especialmente las que llevan muchos años de convivencia.

La incidencia del deseo hipoactivo en hombres es mucho mayor que la del hiperactivo. Al parecer esos casos resonantes como el de Michael Douglas, que tuvo que internarse en una clínica para curar su adicción al sexo, no son lo que experimenta la mayoría de los hombres con alteraciones en sus niveles de erotismo.

Si bien hay pocas estadísticas y estudios sobre la disminución de la libido en hombres, algo que en cambio tuvo mucha investigación para el caso de las mujeres, existen estimaciones que permiten dar un panorama de la magnitud del problema. Según la Organización Mundial de la Salud OMS, entre un 12 y un 15 por ciento de la población masculina lo padece.

Cuando hay ausencia de fantasías, falta de motivación para tener relaciones o autoestimularse, se puede pensar en esta condición. Puede originarse en factores orgánicos, como enfermedades crónicas, deterioro propio de la edad -después de los 40 o 50 años hay una incidencia mayor- y enfermedades cardiovasculares.

En otros casos, puede estar encubriendo otra disfunción, por ejemplo una disfunción eréctil. Al no poder sostener una erección el hombre manifiesta pérdida de ganas porque ya no se siente viril, lo que lo lleva a evitar la situación de intimidad.

Otro de los aspectos necesarios para empezar a despejar el problema es la comprensión de qué tipo de situación es la que describe el estado del paciente.

El deseo hipoactivo puede ser clasificado en dos categorías: una por su origen, como primario o secundario y dos, por el momento en el que suele manifestarse, si es situacional o generalizado.

Es primario si es algo que al hombre le pasó durante toda su vida, si nunca experimentó interés en la sexualidad (por motivos religiosos, morales, educación, tabúes fobias u otras causas) y es secundario si apareció a partir de un momento determinado de la trayectoria vital del individuo.

Es situacional si se da en determinados momentos y frente a ciertas personas (el caso del hombre casado que no puede mantener relaciones con su cónyuge pero sí con amantes ocasionales) y es generalizado cuando en ninguna ocasión «surgen las ganas«.

Algunos consejos

Aceptar que el deseo sexual no es espontáneo. El mito de que tiene que ser natural y surgir como un chispazo es destructivo para la relación, especialmente si es de muy largo plazo. Hay que alimentarlo, reforzarlo, darle espacio para que surja.

Generar intimidad placentera sin obligaciones. Los sexólogos recomiendan practicar juntos algunos ejercicios tendientes establecer una conexión emocional o sensorial: una buena sesión de masajes, mirarse a los ojos, olvidarse de la penetración y del orgasmo, tocarse y acariciarse para disfrutar de contacto piel con piel.

Meterse juntos debajo de las sábanas o franelear estando vestidos, volver a ponerse de novios, disfrutar de los besos largos. Salidas sin chicos, y con días fijos. Si tienen hijos chicos y hace tiempo no salen juntos, buscar alguien que los cuide, salir del rol de padres y recuperar el espacio privado.

Si no se soluciona probando, mejor consultar. La sexología tiene tratamientos muy eficaces, que ponen muy bien la lupa en cada hombre y su pareja, en lugar de padecer y prolongar el problema por años, es mejor pedir ayuda a un profesional, porque el sexo es salud.