Desde su base en la rural Alberta, Phil Merrill contesta llamadas de todo el mundo. No importa si lo están llamando desde Nueva Zelanda o desde Irlanda, la pregunta es siempre la misma: ¿cómo se deshace de las ratas?

Durante casi 50 años, Merrill está al frente de una singular —y victoriosa— batalla, transformando la occidental provincia de Canadá en una de las pocas jurisdicciones del mundo libre de ratas.

“Estamos ganando”, dijo Merrill. “A la pobre rata le iba realmente muy bien en el siglo XVIII, pero en este siglo está luchando”.

Limitando al sur con el estado de Montana, Estados Unidos, y flanqueada por las provincias canadienses de British Columbia y Saskatschewan, en Alberta —una provincia de casi 4 millones de personas cuya extensión es algo mayor que la de Francia— aparece alguna rata ocasional.

Pero salvo pocas excepciones en las últimas décadas, la provincia no tiene población reproductiva de ratas.

“No tenemos ratas, pero todo el mundo se empeña en mandarnos las malditas ratas”, dijo Merrill. “La gente viene de sus vacaciones en Palm Beach, llega con el trailer y nos traen ratas. O el camión de frutas y verduras que viene de quién sabe donde, y cuando lo están descargando la rata salta. Por lo cual entran aproximadamente dos ratas por mes.”

El plan: toda rata que camina…

Un paso clave es matar cuanta rata se vea. / AFP archivo

Un paso clave es matar cuanta rata se vea. / AFP archivo

Merrill empezó a trabajar como controlador de pestes en Alberta en 1971, dos décadas después del primer registro de ratas en la provincia. En medio de las preocupaciones por el daño que las ratas pudieran causar en el sector agrícola —la segunda industria de Alberta— se lanzó un ambicioso programa para mantener a los roedores fuera de la provincia.

“Cuando empecé a trabajar pensaba: “¡Ay dios! ¡Nunca vamos a poder sostener esto!’”, dijo Merrill.

Otra clave: queda prohibido tener ratas como mascotas. Solo es posible con un permiso especial. / AFP

Otra clave: queda prohibido tener ratas como mascotas. Solo es posible con un permiso especial. / AFP

El elevado objetivo se abordó con una estrategia multidireccional; una campaña de afiches alentaba a los vecinos a matar a los roedores que vieran, el uso de ratas como mascotas se prohibió y se lanzaron inspecciones regulares en lo que empezó a ser visto como una zona controlada de ratas: una expansión de 29 km de la provincia que linda con la vecina Saskatshewan.

Son clave en el marco de esta estrategia Merrill y su equipo de seis personas, que regularmente pasan revista de 3.000 granjas alrededor de la zona controlada de ratas, dejando veneno cuando es necesario. Una red más amplia, de 150 contactos en toda la provincia, también ayuda a Merrill a eliminar las ratas que pudieran aparecer.

LLame al 0800-RATAS

En 2015 se lanzó una línea telefónica abierta, 310-Ratas, dando a Merrill y a su equipo un registro en toda la provincia.

Mientras que el 95% de las llamadas de estos días son sobre roedores mal identificados —debido, sobre todo, a que la mayoría de los residentes de Alberta nunca ha visto una rata— Merrill estimó que la línea recibe dos llamadas viables por mes.

“Si no recibiéramos esa llamada, perderíamos”, dijo. “Si la gente no nos llama y no nos dice que vio una rata, ¿cómo nos enteramos?” Tomado en su conjunto, el resultado ha sido notable.

“Cuando empecé, en los años 70, teníamos entre 50 y 70 infestaciones por año, en la frontera”, dijo Merrill. “La redujimos a una o dos por año.” Parte del crédito corresponde a los granjeros. Pero aunque el número de ratas ha descendido dramáticamente, la provincia no se permite bajar la guardia.

Permiso para “portar” ratas

Alguien que pretenda transportar una rata a través de la provincia —digamos, alguien que se está mudando desde North Dakota a Alaska y quiere llevar su rata mascota— requiere un permiso. También lo necesitan los zoológicos y cualquier universidad que pretenda hacer estudios en roedores.

Las ratas pueden ocasionar costos daños./ AP

Las ratas pueden ocasionar costos daños./ AP

No se mata a todas las ratas que se encuentra en la provincia; algunas han sido deportadas. Una vez Merrill y su equipo pagaron ellos mismos el viaje de una rata mascota de regreso a British Columbia, en lugar de matarla.

“La persona amaba a esa rata y no quería que la matáramos, entonces cada uno de nosotros puso 10 dólares y la pusimos en un avión”, dijo.

El costo total de la provincia en la batalla contra las ratas apenas supera los 500 mil dólares por año —una ganga, si se mira a la luz de un informe de 2004, que estimaba que las ratas podían causar cerca de 42 millones de dólares en daños para Alberta si no se impedía su propagación.

“Probablemente el número sea exagerado”, dijo Merrill. “Pero lo vemos como una ventaja económica real. Si nuestros granjeros tuvieran ratas, los silos de madera quedarían destruidos en menos de seis meses”.

Mientras sonríe, deja caer una razón más sutil detrás de la larga batalla de la provincia: “Es un orgullo personal que no tengamos ninguna rata”.

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