Ideas para jugar con los niños en su día y en muchos momentos más

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¿Es lo mismo regalar un juguete que dedicarle tiempo a los niños para jugar con ellos? Todos sabemos la respuesta: un sencillo No.

Sin embargo, la falta de tiempo, la vorágine del día a día, la distancia que sin darnos cuenta vamos poniendo entre nuestro mundo adulto y el de los chicos, el frenético avance de las tecnologías y las ofertas del mercado de consumo que siempre nos tienta con juguetes nuevos, modas, propuestas en las que los chicos piden sumarse, nos puso en un lugar cómodo pero al mismo tiempo incierto.

Viene el día del niño y nos sabemos muy bien si estamos felices o estresados. No sabemos cómo cumplir con las expectativas cada vez más altas de los chicos y tampoco estamos seguros de que obsequiarles los juguetes más caros va a realmente hacerlos felices.

¿Y si probamos regalarles más tiempo? ¿Si volvemos a mirar para atrás, rememorar nuestra propia infancia y conectar con aquello que nos hacía felices?

¿Acaso era tener muchos juguetes? ¿O eran esos momentos únicos de risas, imaginación, amigos, familia y algún sabor especial los que te recuerdan la alegría?

Historia del Día del Niño

El Día del niño surgió en Europa luego de la Primera Guerra Mundial. Ante la conciencia por parte de activistas humanitarios respecto a la necesidad de proteger a los niños y niñas del destrozo y caos generalizado que veían a su alrededor.

Crear un día de festejo en aquel contexto de sufrimiento fue una oportunidad para que los niños pudieran abstraerse del horror que los rodeaba y para los adultos les dio la posibilidad de centrar la mirada en la niñez.

Con el paso del tiempo, la fecha queda instalada y adquiere una importancia central para destacar el valor formativo, sensibilizador y posibilitador del juego. Pero además, como un momento para exigir el resguardo de otros aspectos que inciden en la calidad de vida de niños, niñas y adolescentes.

Con este primer antecedente, en 1924 se sanciona la Declaración de Ginebra sobre los derechos de los niños.

Solo tras el horror de la Segunda Guerra Mundial y ante la preocupación internacional por la situación de la niñez se impulsó en 1959 la Declaración Universal de los Derechos del Niño y 30 años más tarde, en 1989 se estableció la Convención sobre los Derechos del Niño, uno de los instrumentos internacionales más ratificado alrededor del mundo que retoma y amplía aquella preocupación inicial de proteger a la niñez: los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a crecer sin violencia, a vivir en familia, a una atención de la salud de calidad, a una educación inclusiva, a no discriminar y también protege el derecho al juego y a la recreación como elementos centrales del desarrollo infantil.

En esa línea, la especialista subraya que es fundamental que recuperemos, como sociedad, el valor de jugar, de compartir tiempo de recreación, imaginación y risas. Dicho en otras palabras, tiempo de calidad.

Propongamos entonces regalar tiempo para jugar, tiempo de compartir y construir recuerdos que hablen del afecto y la alegría. Tiempo para dejar de lado por un par de horas las exigencias del mundo adulto y centrarnos en el juego.

Darle a cada niño la oportunidad de ser niño jugando: en una plaza, en el parque, en la cuadra del barrio, en la sala o el comedor; con juegos de mesa o con barriletes improvisados, a la escondida o a la mancha.

El juego como aprendizaje no formal

La excusa del juguete es el medio PARA y no el FIN y cuanto más simple es este instrumento (los dados, las cartas, el ludomatic, preguntas y respuestas, las damas, el ajedrez, el tutti frutti por ejemplo) más protagonista es el niño.

Los niños aprenden jugando, desde que nacen hasta que empiezan el aprendizaje más formal. Las primeras enseñanzas de todo ser humano se dan a través del juego y es un mundo real que la tecnología no le puede dar.

Los juguetes los pueden tocar, mover, morder, sacudir, hacer sonidos, y esa experiencia no se la brinda un aparato tecnológico. Y lo más importante es que si no hay un adulto que les muestre cómo y comparta ese momento tampoco sirve. El juego es un momento de encuentro entre el niño y el adulto.

El juego es la vía que tiene el niño para aprender. Con una simple pelota se pueden mil cosas, porque son sorpresivas, rebotan y fomentan el lenguaje con el ida y vuelta sobre qué hacer”.

¡A jugar se ha dicho

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