Que se lleva mal con Kate Middleton, que la reina Isabel no la quiere, que Harry puede pelearse con William por ella, que sus asistentes no la soportan, que gasta mucho dinero, que rompe el protocolo cada vez que puede… De Meghan Markle se dice de todo. Y ahora, haciendo un juego de palabras con su nombre, le dicen “Me-Gain”, que se traduce al español como “Yo gano”. Un mote que deja entrever el carácter, según muchos, ambicioso de la nueva integrante de la familia real.

Según David Jenkins, editor jefe de la reconocida publicación considerada la biblia de la aristocracia británica, gente cercana a palacio reconoció que la futura mamá es “problemática”.

Hasta el momento, más allá de las filtraciones, lo único certero es que su personal la está abandonando. Después de trabajar con la duquesa durante solo seis meses, Melissa Touabti presentó su renuncia sin aviso en diciembre pasado, y de un día para el otro porque había sido “demasiado” para ella, de acuerdo con los últimos reportes de la prensa inglesa.

Es que la ex estrella de “Suits” es muy exigente con el personal a todo hora. Al parecer, Touabti no es la primera que derrama lágrimas por la duquesa de Sussex, ya que también se ha afirmado que su actitud frontal provoca disputas con la duquesa de Cambridge, Kate Middleton.

Pero los roces no son solo con la mujer del príncipe William, sino que Meghan Markle, que muy pronto se convertirá en madre por primera vez, tiene una nueva y poderosa enemiga en el Palacio de Buckingham: Camilla Parker Bowles, su suegra.

“El drama con Meghan y Kate no es nada comparado con lo que está pasando con Camilla Parker Bowles”, dijo un informante al sitio estadounidense RadarOnline. “Camilla realmente no habla con Meghan. No es amigable con ella”, agregó la fuente. Incluso le dijo que “esto es en la vida real y que no eres una actriz que interpreta un papel”.

El príncipe Carlos de Gran Bretaña y la duquesa de Cornualles, en los terrenos de la Casa Clarence en 2018.

El príncipe Carlos de Gran Bretaña y la duquesa de Cornualles, en los terrenos de la Casa Clarence en 2018.

Mientras tanto, la duquesa de Sussex está concentrada en nacimiento de su primer hijo o hijo (aún no se difundió el sexo) y en la mudanza a Frogmore House, una casa de campo vecina del castillo de Windsor, otorgada por la reina Isabel II como regalo de bodas.