El bienestar está en la forma de tu cuerpo

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La forma de cada cuerpo es única e irrepetible. Por eso, comparar nuestra fisonomía con las de otras personas no solo no es saludable, es ilógico. Además, es usual que con los años la forma del cuerpo cambie drásticamente en sus dimensiones, sea si se incrementan o se reducen.

Ante todo, a lo que debes prestar atención es a tu cantidad de grasa corporal, ya sea en kilos o en porcentaje de masa corporal total. Además, debes saber si la mayor parte de ella se encuentra bajo la piel (subcutánea) o almacenada en tu abdomen (grasa visceral).

No todos los tipos de grasa son creados de la misma manera por el cuerpo. La que puedes eliminar para “secarte” se llama subcutánea, que es la que se acumula mayormente en los muslos y el trasero. Esta es la más difícil de reducir, ya que es nuestra fuente de energía almacenada, que protege huesos y músculos.

Por su parte, la grasa visceral es la más peligrosa, pues rodea los órganos vitales del cuerpo. Su excesivo almacenamiento está directamente relacionado con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, la resistencia a la insulina o la hipertensión.

Una forma fácil de controlar su almacenamiento consiste en medir tu cintura con un centímetro. Asegúrate de hacerlo soltando el aire o estando relajados para que el resultado sea exacto. La medida máxima para las mujeres es de 89 cm; para los hombres, de 101 cm. Si la superas, quiere decir que estás fuera de los rangos saludables.

Si tu caso es el anterior o tu cuerpo de pronto adquirió “forma de manzana”, te recomiendo que cambies tus hábitos alimenticios. Tener los órganos rodeados de mucha grasa produce inflamación; y si esta se vuelve crónica, puede producir enfermedades. Lo bueno es que la grasa visceral es la más fácil de perder.

Para conseguirlo, te recomiendo hacer actividad física al menos tres veces por semana a una intensidad media-alta, con énfasis en la combinación de entrenamiento de fuerza para el desarrollo muscular, con ejercicios elevadores de las pulsaciones, elevación de rodillas alternas, trotes cortos, entre otros. En general, se trata de ejercicios orientados al desarrollo del sistema cardiovascular.

Por el contrario, si tu cuerpo tomó “forma de pera”, se trata de una acumulación de grasa subcutánea. A diferencia de lo que muchos piensan, reducir esta grasa localizada es complejo, pues su almacenamiento está relacionado directamente con los malos hábitos alimenticios.

Por lo mismo, reducir peso en grasa en este caso toma mucho más tiempo. Si esta es tu situación, además de ejercicio físico de tres a cuatro veces por semana, deberás reducir tu consumo de harinas en general o alimentos procesados, azúcares y dulces. Cámbialos por alimentos más nutritivos como frutas, verduras, menestras, carnes y grasas saludables, como los frutos secos.

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