En 2002, la Organización Mundial de la Salud (OMS) determinó que todos los 6 de abril se celebraría el Día Mundial de la Actividad Física, bajo el lema “Por tu salud, muévete” (“Move for health”). Esto constituyó un hito en la historia, ya que marcó la primera vez en la promoción del ejercicio físico como agente de salud.

Ese año se realizaron múltiples actividades alrededor del globo, aunque podemos decir con certeza que su repercusión fue significativamente menor a lo que sucedería después.

Es que recorrimos un camino largo y fructífero que nos llevó a la situación en la que vivimos: el inconsciente colectivo está convencido de que debemos mantenernos activos para estar más sanos.

¿Hay un mínimo de actividad física?

La respuesta es casi obvia: por supuesto que existe un mínimo. Se considera necesario y suficiente hacer ejercicio, al menos, durante 30 minutos al día. Esto puede cumplirse en un solo momento, dividirlo en dos tramos de 15 minutos cada uno o hasta en tres de 10 minutos.

Claro que esto no es lo único que debemos hacer. Al movimiento se agrega la prevención, en las otras 23 horas y media, de pasar mucho tiempo sentados (“sitting time”). En este sentido, se aconseja no permanecer más de 11 diarias con la cola en la silla (además del tiempo en que dormimos) ni hacerlo por lapsos mayores a 60 minutos.

¿Qué cantidad de ejercicio se considera óptimo?

La definición aquí se orienta a estar entrenado lo suficiente como para reducir lo máximo posible los factores de riesgo.

Para esto, se requiere de una planificación anual (llamada macrociclo) realizada por un profesional idóneo, así como también de su implementación sistemática con la supervisión de profesionales capacitados tanto académica como prácticamente.

¿Podemos hacer demasiado ejercicio?

Sí, es posible. Los casos más comunes de esto se dan en gimnasios o centros muy conocidos, cuyas rutinas no están necesariamente organizadas en su armado.

De esta forma, se componen de esfuerzos máximos donde se estimula –y hasta se premia– el hecho de llegar al límite de cada uno (e intentar pasarlo).

Este tipo de actividad se caracteriza por un desafío al ego, ya que constituye una epopeya que no siempre tiene fundamentos científicos.