Cómo saber si uno es pasivo agresivo o solo es que tiene un mal día

Mirar para otro lado, ser amable en lugar de sincero, manifestar nuestro rechazo a base de desplantes y malos modos… son algunas de las estrategias psicológicas que muchas personas emplean para resolver situaciones concretas y puntuales.

Cuando se recurre a ellas en momentos aislados, y se llevan a cabo de forma consciente y controlada, pueden entrar dentro de lo normal, de un comportamiento que «suele ser parte de una estrategia de afrontamiento utilizada por personas que se sienten muy atacadas en el escenario de un conflicto.

Todos podemos adoptar una conducta pasivo agresiva en determinadas situaciones y circunstancias. La diferencia está en si se trata de conductas esporádicas y conscientes, y por lo tanto modificables, o si, por el contrario, es la norma de un comportamiento.

Todos tenemos algo de pasivo agresivo en nuestra personalidad -que algunos han clasificado en cuatro tipos-, pero no es fácil reconocer cuándo surge. Y eso que aprender a hacerlo puede evitarle a uno más de un conflicto, tanto porque está haciendo daño a los demás como porque se lo están haciendo a él.

Por ejemplo, diferenciar si un compañero de trabajo está pasando por un momento complicado que le lleva a comportarse de un modo molesto y ofensivo, lo cual solo demanda paciencia y comprensión, o si su forma de actuar es «el pan de cada día».

Asimismo, tienen dificultades para empatizar y ejercen un abuso muy sutil y desgastante.

También muestran inflexibilidad y falta de autocrítica, además de presentar dependencia emocional, aunque no lo expresen, ya que son defensores de su libertad y autonomía. Se trata de un perfil muy ambivalente.

Balones fuera, victimismo y deseo de agradar

Tanto en el trabajo como en casa, la única manera que tenemos para identificar al pasivo agresivo es a través de la observación de la reacción que tiene esa persona ante una frustración o un cambio.

¿Y en la intimidad del hogar? ¿Cómo se manifiesta esa agresividad silenciosa con la pareja? Aunque las señales no difieren mucho de las que podemos encontrar en el entorno laboral, en el ambiente doméstico lo más característico sería el silencio.

Es decir, estas personas no muestran sus rabias o frustraciones, lo que significa que dichas rabias se acumulan generando un resentimiento que les hace manipular de forma muy sutil la realidad intentando convertir a la otra persona en la responsable del conflicto.

Además, presentan un rol muy victimista, donde se eximen de culpa empleando su parte más manipuladora y agresiva, y trasladando la culpa a la otra persona.

Suelen ser personas a las que les cuesta decir que no, poner límites, entrar en conflicto o hablar con claridad. La pasivo agresividad es la forma que encuentran de poner algún límite.

Posicionarse en el no conflicto es una opción íntimamente relacionada con la necesidad que tienen de querer agradar al otro en todo momento. Saben lo que los demás quieren escuchar y juegan con eso hasta que se cansan.

Es entonces cuando se frustran porque se han comprometido con algo que realmente no quieren hacer, y por eso, finalmente muestran su agresividad y su enfado.

¿Dónde nace la agresividad?

No se puede señalar un único motivo que explique este trastorno de la personalidad, ya que son múltiples las causas que podrían hacerlo

Ahora bien, que el apego haya sido inseguro no significa que la persona no haya sido querida, sino que la forma en que ha establecido los lazos y las relaciones con sus padres no le ha aportado la suficiente protección para desarrollar una seguridad emocional adecuada.

Otro posible origen lo encontramos en la rabia contenida y mal gestionada. Esto suele ocurrir en los casos de bullying.No manifestar un estado de desagrado en algún momento, puede provocar a la larga una situación crónica de apatía, estrés, y dificultades.

No intentes razonar con ellos

¿Y si somos nosotros la diana de los dardos de una persona pasivo agresiva? ¿Cómo reaccionar? ¿Le hacemos frente o mejor la ignoramos? La experta aboga por la comprensión y una buena dosis de paciencia y tranquilidad.

Y es que, intentar razonar con este tipo de persona será, en la mayoría de los casos, contraproducente, ya que, al no ser consciente de ello, va a tender a la victimización, y va a convertir el mensaje en un ataque.

La mejor manera de protegerse y de controlar, de forma indirecta, la reacción pasivo agresiva del otro. Asimismo, defiende el uso de la asertividad para tratar de poner límites y que la persona con dicho perfil no pueda tener motivos para sentirse atacado.

Además, si lo creemos necesario, el experto cree que podría ser útil «establecer unos límites claros, firmes y no violentos, y sobre todo, no decirle lo que tiene que hacer o cómo debería comportarse.