Lejos de la televisión y la política, Donald Trump en la década del 80 era, por sobre todas las cosas, un magnate inmobiliario.

Así construyó su fortuna y su poder, la cual le permitió además incursionar en otros ámbitos, como los casinos y el boxeo, dos áreas en las cuales fue un protagonista central durante esa década.

Pero su nombre no era reconocido ni era una figura demasiada popular, un hecho que cambiaría a partir de una brutal violación que terminaría por simbolizar una de las horas más oscuras de Nueva York.

La “Ciudad Gótica” era un lugar muy distinto a la metrópoli glamorosa que es actualmente. La huida de población hacia los suburbios sumió a la ciudad en una crisis fiscal en la década del 70; sumando a la aparición del crack (un derivado de la cocaína, similar al paco) y los altísimos niveles de inseguridad, la ciudad se había convertido en un lugar prácticamente invivible para la clase baja y media.

En 1989, se registraron casi 2000 asesinatos en Nueva York, y los medios, desde la televisión local hasta el tabloide The Daily News, funcionaban como amplificadores del miedo de una población, que se sentía impotente.

Fue en este contexto que se produjo el caso de la corredora de Central Park, un evento que conmocionó a la ciudad y que fue recreada en una serie que actualmente puede verse en Netflix, llamada “When They See Us” (Cuando nos ven).

Una violación y un pedido de muerte

Uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de Nueva York se produjo el 19 de abril de 1989.

En medio de una jornada confusa, en la cual un grupo de alrededor de 30 jóvenes negros y latinos recorrían Central Park (y produjeron algunos desmanes y robos), una mujer llamada Trisha Meili fue violada en el parque, y atacada con tanta virulencia, que pasaría los próximos 12 días en coma. Al despertar, no tendría ningún recuerdo de lo sucedido.

Considerado por The New York Times como “uno de los crímenes más publicitados de la década del 80”, lo que sucedió después fue una de las injusticias contemporáneas más resonantes en la historia del país.

En medio de un clima de histeria colectiva alimentada por los medios, la policía y la fiscalía se propuso cerrar el caso lo más rápido posible, y los jóvenes que habían sido detenidos por rondar el parque en grupo esa noche se convirtieron en los blancos ideales.

Donald Trump pidió la pena de muerte para los 5 jóvenes injustamente condenados por la violación del corredora del Central Park Five. /

Donald Trump pidió la pena de muerte para los 5 jóvenes injustamente condenados por la violación del corredora del Central Park Five. /

En principio, la policía afirmó que creían que al menos 12 personas habían participado del ataque a la corredora, pero finalmente terminaron en cinco acusados.

Cuatro muchachos negros (Antron McCray, Kevin Richardson, Yusef Salaam y Korey Wise) y uno latino (Raymond Santana Jr.), todos residentes de Harlem de entre 14 y 16 años de edad, terminaron acusados por el brutal crimen.

Si bien fueron encarcelados y enviados a juicio en base a confesiones grabadas que dieron a la policía donde admitían haber violado y atacado a la corredora, rápidamente se rectificaron y afirmaron haber sido presionados por la policía para confesar.

En base a sus descripciones, ahora se sabe lo que atravesaron (en la serie también aparece): nos los entrevistaron con abogados presentes, y en muchos casos también procedieron sin la presencia de sus padres, algo ilegal dado que eran menores, fueron físicamente y psicológicamente torturados para que admitieran haberla violado entre todos.

Una imagen en Atlantic City de 1984. De izquierda a derecha: Fred Trump (padre de Donald), el promotor pugilístico Don King y Donald Trump. / AP

Una imagen en Atlantic City de 1984. De izquierda a derecha: Fred Trump (padre de Donald), el promotor pugilístico Don King y Donald Trump. / AP

Además de no poder brindar detalles específicos del lugar en donde se cometió el crimen, ni tener sangre ni barro en su ropa, la evidencia exculpatoria más fuerte era que no se halló evidencia genética de ninguno de los cinco en el cuerpo de la corredora.

Se halló una media con semen en el lugar del crimen, pero el perfil genético no correspondía a ninguno de los acusados (luego se sabría que correspondía a un violador en serie llamado Matías Reyes, que en 2002 confesó ser el único atacante de la corredora).

La batalla en torno al caso se llevó adelante en los tribunales, y también en los medios. Los procedimientos policiales normales prohibían dar a conocer el nombre de acusados menores de edad, pero eso fue ignorado, y los jóvenes se vieron sometidos a un bombardeo mediático constante, que llegaron a incluir amenazas de muerte.

Fue en medio de este contexto en que Donald Trump irrumpió en la escena pública. El 1 de mayo de 1989, el magnate pagó 85 mil dólares para sacar una solicitada en todos los diarios de la ciudad pidiendo por el regreso de la pena de muerte, y respaldando el accionar de la policía.

La solicitada que Donald Trump sacó en todos los diarios de Nueva York, en donde pidió la pena de muerte para los 5 jóvenes, conocidos como The Central Park Five, que luego declarados inocentes.

La solicitada que Donald Trump sacó en todos los diarios de Nueva York, en donde pidió la pena de muerte para los 5 jóvenes, conocidos como The Central Park Five, que luego declarados inocentes.

“El alcalde Koch ha dicho que el enojo y el rencor deberían ser desalojados de nuestros corazones. Yo no pienso eso. Quiero odiar a estos asaltantes y asesinos, deberían ser forzados a sufrir (…)

A los criminales se les debería decir que sus LIBERTADES CIVILES SE TERMINAN CUANDO COMIENZA UN ATAQUE A NUESTRA SEGURIDAD”, son algunas de las frases que podían leerse en el texto.

En una entrevista posterior con Larry King, por CNN, Trump volvió a insistir sobre el tema, y afirmó que “tal vez se necesita odiar para lograr que algunas cosas se hagan“.

En una ciudad (y un país) fuertemente dividido por la cuestión racial, un tema que se ve claro en la discriminación sistemática que las minorías sufren cuando se enfrentan a la Justicia, los comentarios de Trump sirvieron como nafta para el fuego.

La comunidad negra y latina de Nueva York apoyó a los jóvenes acusados, y la ciudad se vio dividida.

En una entrevista que le brindó a The Guardian en 2016, uno de los acusados, Yusef Salaam, fue enfático en afirmar que la solicitada de Trump fue “lo que comenzó el fuego” en 1989, y que a partir de ese momento, él y su familia empezaron a recibir amenazas de muerte.

Liberados, pero sin disculpas

Los cuatro menores a 16 años (Richardson, McCray, Salaam y Santana) fueron a condenados a penas de entre 6 y 7 años, y enviados a cárceles para menores. Pero Wise, que ya tenía 16, fue sentenciado a una pena de entre 5 y 15 años, y enviado como adulto a Rikers, una de los centros más terribles del país.

Fue 2002, luego de que los cuatro menores ya habían cumplido la totalidad de sus condenas, y sólo Wise seguía preso (ninguno obtuvo salidas transitorias ya que se negaban a reconocer su culpabilidad), que fueron exonerados luego de que el verdadero atacante confesara. Le iniciaron un juicio a la ciudad de Nueva York y trataron de volver a sus vidas, pero el caso quedó relativamente en el olvido.

En 2012, un documental de Ken Burns llamado “The Central Park Five” (Los cinco de Central Park), volvió a instalar el tema en la agenda pública, e inclusive se ganó un tuit de Trump, quien afirmó que “el documental ‘The Central Park” fue una basura parcial, que no explicó los horrendos crímenes cometidos por estos jóvenes en el parque”.

Luego de 12 años, la ciudad de Nueva York decidió hacer un arreglo con los hombres por el juicio que habían entablado, y les pagó 41 millones de dólares, a razón de un millón por cada año que pasaron presos. A pesar de pagar, no reconoció haber hecho nada mal.

Al día de hoy, Trump nunca ha reconocido su rol en el incidente,  ni le pedido disculpas a ninguno de los cinco.